viernes, 7 de octubre de 2011

Siéntese tranquila...

Estaba con mi esposa en el Coto Sarandí, para hacer la compra grande pero previamente nos pedimos una merienda en el café (unas medialunas con café con leche) ya que ella vino desde Palermo en la catramina del 10 desde Palermo (tardó eones). Todo transcurría tranquilo (a pesar de la tormenta y ver como la gente hacía cola para tomarse un tacho, además de observar cuanta filtración se veía en el techo, mirando de coteé a la tele para que el soporte no ceda por culpa de la humedad y termine arruinando la merienda), ella contándome lo que había hecho en el día, yo saboreando las medialunas y ella al final cambió por un alfajor (que salió más barato), hasta que de golpe, sin mediar más, sin preguntar, sin siquiera mirar, una típica vieja chota se sentó en el sillón, con cara de "no doy más" (lo cual ya sabemos cuánto espamento suelen hacer estas Mangostas...) y se quedó escuchando nuestra conversación, a pesar de que su marido le hablaba para que se levante pero ella se negaba hasta que le tocó el taxi que la llevaría a su casa con sus compras.
¿Cuánto estuvo sentada? ¡20 minutos! Cada vez que la miraba, se hacía la que se sentía mal o que hablaba con el marido. Además de todo el arsenal de ironías de mi mujer, a la que esta señora nunca hizo caso omiso(?).


Coto Sarandí, el Coto más tercermundista de la Tierra...

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Dejando una huella



El que se jacta de pastorear puede de estar pastoreando a mansalva, donde apenas se note su existencia (por los familiares) o directamente nadie se avive de que está en el mundo (sobre todo las mujeres). Entonces, se maneja en la dualidad de pastorear en forma invisible o salir al mundo. Si es la primera opción, se mantendrá oculto y gracias si lo llama la madre. Si es la segunda, puede que el envión le haga hacer tantas cagadas que prefiere no haber salido porque termina siendo una cadena sucesiva de fatalidades(?). A veces, la cosa se calma y puede vivir una existencia tranquila, donde puede mostrarse y que la gente sepa de su existencia porque es útil. Ojo, a no confiarse porque es solo una rachita ya que puede volver a la modalidad "Pato Gallareta" o "Pato Criollo" en cualquier momento, que se mande una tras otra o que directamente lo tomen para el churrete, o la otra opción que es quedar como "El Chavo" diciendo alguna cosa cuando todos dejaron de hablar.
En este caso lo que sucedió fue que estaba en el restaurant del Sofit3l, hablando con el maitre, diciéndole que no iba a cambiar el arreglo floral grande, que estaba lindo y que si lo tocaba, lo iba arruinar. Hasta ahí nada fuera de lo común, salvo porque sin mirar giré para atrás, sentí algo debajo del pie y pensé: "Uh! le pisé el pie a tal" o "¿Qué le pasó a la alfombra" o tantas opciones en un instante pero ninguna de ellas fue la correcta, sino que le había pisado el pie ¿a quién? ¿a un mozo? ¿a otro maitre? ¿a un bachero? ¿una flor? ¡No! ¡al Gerente! quería esconderme pero estaba difícil y le dije "disculpe, no lo vi" a lo que respondió: "no pasa nada" con una firmeza e inmutabilidad (pero que seguro me puteó de lo lindo) sorpresiva.
Creí que iba haber represalia, pero sólo hubo una sonrisa en el almuerzo y luego el incidente fue olvidado.


El pie del gerente...

lunes, 5 de septiembre de 2011

Conjugando

Mariano, asiduo(?) lector de este blog hizo un gran regalo: conjugó el verbo "Pastorear":

Yo pastoreo
Tu pastoreas
Él pastorea
Nosotros pastoreamos
Vosotros pastoreais
Ellos pastorean
Javier...

Pastore

martes, 23 de agosto de 2011

Observaciones

Siempre creí que Argentina era la capital mundial del pastoreo, pero primero me llevé la sorpresa en Ezeiza cuando tuve mis encontronazos(?) (porque una cosa es acompañar a alguien que se va y otra es ir con el carrito de valijas). Creí que eran turistas "contagiados" por el pastoreo argento.
Una vez en el avión, el pastoreo se sucedía uno tras otro, pero siempre eran argentinos lo implicados, asi que no me preocupé. Hasta que llegué a la escala en Panamá, una terminal chica pero con un pastoreo enorme, mucho pastoreo "paredón" y el avión a Canadá que salía en 30 minutos. Llegué con lo justo y el avión salió tarde porque tuvo que esperar a 8 argentinos (entre ellos yo).
Una vez en el aeropuerto de Toronto, ya no vi a los otros 4 argentos (porque los otros 3 eran mis hermanos y mi vieja) pero sí brasileros que pastoreaban a mansalva y armaban pastoreo paredón o parabrisas.
Luego, un par de días después fui a un shopping y me encontré con canadienses, musulmanes, hindúes y negros que pastoreaban tanto, o más, que los argentinos. Y así transcurrieron las dos semanas allá, entre el pastoreo ajeno y propio, dándome cuenta que en un país tan evolucionado como Canadá el pastoreo también arrecia.
También disfruté(?) el pastroreo en Panamá, ya que tuve 7 horas de espera. Tanto en el aeropuerto como en el shopping.
Y para finalizar toda esta aventura fui desde Ezeiza al centro en el 8. Una experiencia que debe ser vivida por cualquier persona que se jacte de pastorear.
En conclusión: El pastoreo es inherente a la condición humana.

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CN Tower, la torre más alta del mundo y un lugar de adoración al pastoreo

miércoles, 27 de julio de 2011

Cerrado por vacaciones / pastoreo

http://asiessiasiosparece.files.wordpress.com/2011/07/vacaciones.jpg
Como era de esperar, un día llegaron mis vacaciones y me llevaré el pastoreo a otra parte del planeta para hacer escuela.
Si no surge nada nuevo, puede que vuelva a postear en unos días. O sea, que no surjan cosas locas como que se me corte la cadena de la bici volviendo de trabajar...

lunes, 18 de julio de 2011

Viejas chotas (2)

Como ya se ha contado en un post anterior sobre mis vecinas, siempre se puede contar una "aventura" nueva. Esta vez fue así: volví de trabajar con mi fiel compañera la bici, que cuando la entro piso mal, se me cae encima y terminé apoyándome en el picaporte de la puerta, dando un flor de portazo. Inmediatamente se escucharon los pasos y cotorreos de las "muchachas" buscando ver qué había pasado.
Al otro día, me fui a las 6 am y Angélica estaba en la puerta de su departamento "barriendo" (actividad pastoreadora por excelencia). Cuando volví de trabajar me preguntó si había escuchado lo que había pasado, a lo cual le conté la historia. De ahí me fui a pagarle las expensas a Nelly que pregutó si había escuchado algo y también le conté la misma historia que a Angélica. A lo que me dijo: "viste que vecinas cooperativas(?) que tenés, que se preocuparon por ver que pasaba..." Claro, pero esta supuesta preocupación hizo que las "chicas" entraran en acción, sobre todo Angélica, que durante 1 semana se la pasó con el cuello curvo espiando los movimientos del edificio y sobre todo los míos.


Angélica en "acción"

viernes, 8 de julio de 2011

Más aventuras en Cardales



Ir al Sofit3l de Cardales en colectivo o tren siempre es una aventura distinta, siempre puede pasar algo interesante o boludo (como quedarse dormido y terminar en Zárate). En este caso hay varios momentos mágicos(?). Había quedado que a las 17 tenía que estar allá para armar un evento.
Todo comenzó ese día temprano, cuando tuve que ir a Caballito a dejar unos papeles de una amiga de mi papá y de ahí tenía que ir a Telefe, en Martínez, para hacer más diligencias. En lugar de tomarme el 15 hasta Martínez y otro colectivo que vaya por Fleming, decidí hacer la más difícil: el 343 desde Ciudadela a San Isidro. Un experiencia irrepetible, un dolor de traste y espalda por demás espantoso que tuve por esas casi 3 horas de viaje. Dormía, me despertaba y parecía que estaba en el mismo lugar. Toda una pesadilla por no seguir los consejos del chofer que me dijo: "tomate el 28 o el 21 a Pte. Saavedra y de ahí otra cosa".
Luego de toda la odisea y pasar por el canal, fui presto a tomar el Chevalier, que siendo las viernes a las 16 la Panamericana (altura Márquez) era un lío y tardó más de lo previsto. Sabiendo que iba a llegar a cualquier hora al hotel me tomé el común. Una tortura hasta Maschwitz porque bateteaba, hasta que murió y a esperar que venga otro. El otro llego lleno y creo que algunos iban acostados en el portaequipaje. En mi caso fui estampado en la puerta, aplastado al punto de morir(?). Llegué a las 19 y allí comenzó la tarea: poner telas negras para revistir un salón. Este mide 20mts de largo x 10 ancho y 4mts. de alto, lugar donde solo se llega con una mega escalera o una escalera hidráulica. Con otro, al que no conocía, nos pusimos a poner telas pegadas al techo con cinta doble faz, con la escalera hidráulica. Más o menos a las 23, que llevábamos un buen ritmo, la cinta doble faz había pegado mal y le dije a mi cumpa(???): "tira de la tela, suave, que va a caer". Y cayó...cayó con otras 7 telas ¡que frustración! 2 horas de trabajo perdidas...La idea de irnos en la última combi del día (1:30) se desvanecieron. A la 1 ya no dábamos más, entre la moral por el subsuela y el sueño, el pastoreo reinaba. Por lo cual, nos fuimos a un escenario armado y dormimos un rato ahí. A todo esto, en un momento bajo la escalera y siento que se traba, se traba y no podia bajar más, hasta que vi lo que sucedía: la batería no me dejaba. ¿alguien me puede decir cómo puede ser que la batería esté floja y termine aplastándola?
Así como vimos todo el atardecer, vimos todo el amanecer porque terminamos a las 9 de la mañana...
Nos tomamos el 60 "campesino" a Escobar y por supuesto me perdí el tren, por lo cual tuve que tomar el Chevalier para continuar mis aventuras porque no fui a casa, sino que fui a buscar a mi esposa para seguir paseando.

Algunos de los protagonistas de este hecho:



El salón (robé la foto por ahí porque no tengo propias)




La catramina del Chevalier




La escalera de la discordia




La fucking cinta doble faz




Las telas negras, que hubo que cortarlas (todo un desafío cortar 8 mts. de tela)





Recorre la mitad del Universo...


El canal de las bolas